Calatrava pone su sello en NYC

La faraónica estación PATH de Nueva York, diseñada por Santiago Calatrava, abrió recientemente al público. Nuestra presidenta y su “asesor” arquitectónico nos traen un reporte.

POR: Katingo Haché de Santelises y Jean Santelises Haché

Katingo: En un viaje reciente a Nueva York aproveché que mi asesor arquitectónico favorito –mi hijo mayor, Jean Alejandro– vive en la ciudad para que nos llevara a la nueva estación de transporte urbano en el World Trade Center, diseñada por el español Santiago Calatrava.

Jean: Con un costo de cuatro billones de dólares, este es el reemplazo de la estación que destruyó el ataque terrorista al World Trade Center. A juzgar por su escala, la firmeza de su voz y el hecho práctico de que une todos los sistemas de trenes de la zona, creo que esta es la Grand Central del siglo XXI. Pero claro, la atracción principal es el Oculus, un elegante encostillado de cemento y vidrio increíblemente transparente, que deja entrar la luz por doquier. Muchos neoyorquinos, con su típico sentido del humor, dijeron que parecía el esqueleto de una ballena, pero Calatrava en realidad se inspiró, muy adecuadamente dado el lugar de la construcción, en una paloma blanca en vuelo.

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La forma asimétrica de esas “alas” en el exterior esconde un increíble equilibrio en el interior, y la estructura aparenta flotar sobre el piso, sin tocar el nivel de circulación. Cuando estuvimos dentro, miramos hacia arriba y lo primero que observamos fue una linea fina de luz, casi como la que entra por un ojo entreabierto. Luego, uno no puede evitar quedar impresionado por cómo la estructura, el piso y los detalles arquitectónicos están todos en blanco; esa monocromía da una paz interesante, sobre todo contrastada con el reperpero y la actividad de los usuarios.

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Esa precisamente es una de mis cosas favoritas de la estructura: el sentimiento de tranquilidad que expresa. Es sorprendente, porque es un diseño bien estructurado y detallado, pero caminar por ese piso de un tono blanco suave hace que uno se sienta sobre una pista de patinaje sobre hielo. Da la sensación de estar entre las nubes.

Katingo: ¡Es impresionante! La estación adentro es toda una invitación, toda en blanco, con pisos de mármol italiano Lasa. Cuando estuvimos ahí, toda esa blancura junto con la amplitud del espacio me dieron la impresión de estar en un lugar celestial.

Jean: Sí; las autoridades hicieron esa ambiciosa inversión pensando en regalarle a la ciudad un nuevo espacio público. A veces yo mismo me pregunto si, a pesar de ser tan llamativo, es realmente un espacio cívico o un centro comercial glorificado.

Katingo: ¡Ah, claro! Pensando en el acceso y la rentabilidad, la estación tiene una segunda función comercial, y ahí dentro del Westfield World Trade Center Mall hay tiendas de alta gama, como Dior y Montblanc, y opciones de comida interesantes, como el nuevo Eataly –no dejen de leer mi reporte sobre esa visita— y la Épicerie Boulud, del premiado portafolio del chef Daniel Boulud. Del lado de Brookfield Place, otro nuevo centro comercial conectado, hay tiendas como Ferragamo, Paul Smith y un Saks Fifth Avenue.

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Jean: En resumen, son dos pisos de galerías comerciales y extensos pasillos con tiendas. Vale la pena visitar el Oculus para disfrutar de sus características arquitectónicas, pero al final, para los neoyorquinos y muchos visitantes, también termina siendo un lugar práctico, donde pueden comer y hacer sus compras antes de partir a su próximo destino.

Fotos: Katingo Haché de Santelises y Jean Santelises Haché

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