Una jornada de esquí en la Sierra Nevada

¿Piensan estar en España en invierno? Dos de nuestros clientes les tienen un consejo para un pasadía diferente: esquiar en la Sierra Nevada.

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POR: Luis Eduardo Sánchez y Ernesto Geara

Nuestra más reciente visita a Madrid fue a principios de invierno. Por eso, decidimos hacer un pasadía un tanto diferente: esquiar durante una jornada en la Sierra Nevada.

Para eso, alquilamos un vehículo a través de Viajes Alkasa, y tomamos carretera entre la capital y Granada. Esta última queda a 45 minutos de Sierra Nevada, y tiene la ventaja de que los hoteles son mucho más baratos que arriba, con una mayor variedad de disponibilidad.

Al día siguiente de llegar comenzamos a subir hasta el parque nacional a las nueve de la mañana. Para que se hagan una idea de las proporciones: el pico más alto de la cadena montañosa, el Mulhacén, tiene 3,478 metros de altura y el Pico del Caballo, el más pequeño de los grandes, tiene 3,013. ¡Es un espectáculo geológico impresionante!

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Tras 45 minutos manejando, allá nos esperaba un pueblito nevado que parecía de película. Alquilamos los equipos necesarios por 48 euros cada uno, pagamos la entrada jornalera para esquiar e hicimos un desayuno tardío pesado justo al mediodía, para aguantar el esfuerzo físico. La zona está llena de barcitos y zonas de descanso donde se come muy bien, y nosotros probamos un chocolate caliente, con un sándwich y un postre con sabores muy agradables.

De ahí nos entregamos a los 100 kilómetros de pistas disponibles. Nos llamó la atención cuántas habían a disposición, y la posibilidad de pasar de una a otra con tan solo deslizarse a otro lado. Por esa sensación de aventura, de descubrimiento, es chulísimo esquiar allá.

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A las seis de la tarde devolvimos los equipos y fuimos en busca de la cena. Lección aprendida: ¡Hay que hacer reservación sí o sí! Fuimos de restaurante en restaurante buscando mesa, y todos estaban llenos. Sin embargo, la suerte nos abrió una ventana: en uno de ellos, La Brasería, un grupo había cancelado y pudimos entrar. Ahí probamos un raclette delicioso con una selección de vinos tintos españoles. Bueno, nosotros probamos los tintos, porque entre nuestros amigos que nos acompañaron, el conductor designado se quedó sin probar una gota, para poder bajar a Granada al llegar la noche.

¿Vale la pena un pasadía como este, quizás un poco agotador? Totalmente. España ofrece tantísimas oportunidades de turismo diverso dentro de su perímetro, que aventurarse fuera de sus ciudades populares y conocer otro lado del país tiene sus recompensas.

Fotos: Luis Eduardo Sánchez y Ernesto Geara

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