En el Palacio Real de Tailandia

Nuestra asesora Ana Melenciano quedó anonadada con la belleza arquitectónica y los infinitos detalles históricos del complejo del Palacio Real en Bangkok

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POR: Ana Melenciano

Cuando uno escucha que va a visitar el Palacio Real de Tailandia, se imagina un edificio enorme, una residencia con detalles históricos relacionados a la línea de realeza del país. Lo que vi, sin embargo, fue totalmente diferente: este “palacio” en Bangkok es en realidad un complejo de 218 mil metros cuadrados que incluye templos, la residencia real y los espacios de la corte e instituciones estatales.

¿Otra sorpresa? No me imaginé que iba a encontrarme con un momento de la historia tailandesa ocurriendo delante de mis ojos.

Al entrar, uno no sabe hacia dónde dirigir la cámara: son construcciones suntuosas, con terminación en oro, que recorren todos los estilos de arquitectura nacional. Cada mínimo detalle decorativo está pensado para hablar sobre un momento de la historia del país: por ejemplo, el Buda de esmeralda del tempo Ubosoth está hecho de jade verde, una piedra asociada a la salud, y las personas llegan hacia él para hacer sus peticiones; la verja que rodea el perímetro de ese templo está narrando un poema épico local.

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Pero ese día, las filas más largas que vi no estaban alrededor del Buda, sino en dirección a la morada real. El 13 de octubre de 2016 falleció Bhumibol Adulyadej, el monarca del país, y fue dictado un año de luto oficial. El pueblo tailandés se ha volcado al Palacio para poder despedir sus restos fúnebres antes del 26 de octubre de este año, cuando serán cremados y alojados en uno de los templos del Palacio. Adulyadej reinó durante 70 años y presenció el paso de 30 primeros ministros; eso hizo que el pueblo tailandés viera en él una estabilidad y firmeza que no encontraba en otro tipo de mandatarios. Yo pude sentir esa admiración generalizada al ver cuántas personas vestidas de negro, miles de todas las clases sociales, esperaban largas horas en fila —algunos estaban allá desde la noche anterior—, solo para darle un adiós breve a sus restos.

A nuestra guía, una tailandesa nativa, se le llenaron los ojos de lágrimas al contarnos que había pedido tres días de vacaciones del trabajo para poder dedicarlos a despedirse de su rey. Nunca, nunca, nunca había visto algo parecido.

Ese día me lamenté de solo haber destinado cuatro horas a visitar los terrenos del Palacio Real. Quisiera volver a Bangkok solo para dedicarle un día completo a esta visita, tratando de empaparme de cada detalle arquitectónico y su significado en las historia de este hermoso y complejo país.

Fotos: Ana Melenciano y Travel Mania

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