Conociendo el Salto Baiguate

Durante un fin de semana en Jarabacoa, nuestra vicepresidenta y su esposo llevaron a sus niños a una clase de ciencias naturales y geografía en vivo

POR: Ana Santelises de Latour

A finales de enero, mi hijo mayor había estado aprendiendo en el colegio sobre el flujo de los ríos, la mecánica de las cuencas y la potencia de caída de las aguas fluviales. ¿Qué mejor manera de hacer que entendiera todo eso de forma orgánica que ver en vivo y de forma divertida cómo funcionan? Por eso, mi esposo y yo decidimos llevarlo a él y a nuestra hija al Salto Baiguate, en Jarabacoa, aprovechando una estadía de fin de semana largo en el Rancho Baiguate.

Íbamos preparados mentalmente para tener una experiencia entretenida y didáctica… ¡lo que olvidamos fue prepararnos logísticamente! Primero, cometimos el error de ir en pantalones largos, pensando que con el fresquito del invierno montañoso usar pantalones cortos sería un suicidio. Lección aprendida: no importa la época del año, lo mejor es hacer los 10 minutos de trayecto a pie entre el estacionamiento y el salto en shorts.

Segunda lección: hay que llevar los zapatos adecuados. Nosotros fuimos de lo más campantes en zapatos normales, y a mitad de camino nos dimos cuenta que por temas de sucio, impermeabilidad y confort —sobre todo por las piedras en el fondo del agua al bañarse— lo mejor hubiese sido haber llevado Crocs. El más inteligente entre todos nosotros fue el amiguito de mi hijo, quien nos acompañó en el viaje, que iba feliz con sus Crocs y pudo hacer el trayecto tranquilo y luego bañarse sin temor a las piedritas. Nota tomada.

Tercero: lleven sus trajes de baño ya puestos, para que no les toque cambiar a los niños allá o tengan que comprar los trajes de baño minutos antes de la visita.

Pero ya que saben todo lo que nos agarró desprevenidos de forma negativa, les comparto algo que nos agarró desprevenidos de forma positiva: el trayecto a pie desde el estacionamiento es fácil de hacer. El recorrido de unos 300 metros está cubierto con cemento, y el segmento de escalones es mínimo. Tanto mis hijos, como un niño de tres años que nos acompañaba caminando y una señora mayor que vimos en otro grupo, cubrieron el trayecto sin problemas. Por eso, si alguno de ustedes tiene en su lista de deseos ir al Salto pero tiene miedo a quedarse a mitad de camino, pueden desde ya tachar ese temor: ¡El trayecto es apto para todo público!

¿Y qué tal el Salto Baiguate en sí? Lo resumo con decirles que me quedé con ganas de volver: desde la vista de la piscina natural delante con la cascada escalonada detrás, hasta ver la emoción en la cara de mis hijos y cómo gozaron tanto que se olvidaron de lo fría que estaba el agua, siento que vale la pena visitarlo de nuevo. Si alguna vez visitan Jarabacoa, o se quedan en el Rancho Baiguate, ¡es visita obligada!

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Fotos: Ana Santelises de Latour

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