Washington, D.C. – Tail Up Goat

Obvíen el nombre raro: aquí hay una estrella Michelín, un menú mediterráneo con sorpresas para descubrir y un staff eficiente que ayuda a descubrirlas

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En la familia Alkasa literal —dígase, los miembros del sexteto Santelises Haché— husmear las guías de restaurantes es un pasatiempo eterno. Hace unos meses, buscando entre la lista de los nuevos michelinados en Estados Unidos, el más pequeño del clan dio con uno relativamente desconocido en la capital estadounidense, donde reside: Tail Up Goat. Desde su primera visita se llevó un sello de aprobación.

Ana, nuestra vicepresidenta, estuvo recientemente en D.C. en un viaje de negocios y le pidió ir juntos para comprobar la veracidad de ese sello. Alerta de spoiler: la aprobación está más que merecida.

Primero lo primero: el nombre raro viene de un truco que utilizan los granjeros de las Islas Vírgenes para reconocer la diferencia entre un chivo y una oveja gracias a la posición de la cola — tail up goat, tail down sheep—. ¿Y por qué las Islas Vírgenes? Porque de ahí viene uno de los tres socios del restaurante.

Sin embargo, la comida no es caribeña, sino mediterránea. El menú incluye bacalao, conejo y cordero —las costillitas de este último tienen una carne tan suave que no se parece a la que comúnmente se encuentra en República Dominicana, y van acompañadas de higos—. También contiene variaciones más saludables de platos hipercalóricos o pesados, como unos ravioli que van rellenos de zanahoria y una carta de tés en vez del café después de la comida. Pero increíblemente, el plato más memorable de todos sorprendió por su simpleza: un pan de masa fermentada con semillas de ajonjolí, para untar en una salsa de guisantes —lo que nosotros llamamos petit pois— con pecorino romano y almendras. Nadie se hubiese imaginado que esos ingredientes juntos darían tan buen resultado, y si no ven fotos del plato aquí es porque estaba tan delicioso que no les dio tiempo a retratarlo.

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Es recomendable hacer reservación para asistir, pero que esto no les asuste: con todo y estrella Michelín, Tail Up Goat es un lugar informal, sin manteles en las mesas. El sistema de elección del menú puede parecer complicado, con sus distintos tamaños de platos, pero para eso está el muy eficiente staff —el mesero que les atendió en esa visita escuchó sus gustos y les recomendó platos inesperados que terminaron encantándoles—.

Lo único que deben tener en cuenta es que no se encuentra en un vecindario céntrico/turístico, sino en Adams Morgan, un punto a donde no llega el MetroRail y es más conocido por su agitada vida nocturna. Pero eso quizás es parte de su atractivo: la mayor parte del público es de locales, y aun con el bombo alrededor de su cocina, Tail Up Goat todavía se siente como un secreto del vecindario.

Fotos: Ana Santelises de Latour y Jeff Martin

COMIDA 5
DECORACIÓN 4
AMBIENTE 5
UBICACIÓN 3

VEREDICTO

4.2
Washington, D.C. – Tail Up Goat

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